Creo que mis neuronas están atrofiadas. Después de tantos días de mortal aburrimiento impuesto por la única obligacion ahora, la de estudiar. Días y días dando vueltas por mi habitación intentando matar el tiempo y hacer que las horas pasen. Al final todo pesa. Y la pesadumbre puede con todo. Tanto que hasta mi capacidad creativa e imaginativa se ha atrofiado y llevo días siendo incapaz de encontrar algo interesante sobre lo que escribir. Corrigo; no algo interesante (porque en esa isla siempre hay algo de lo que hablar); sino incapaz de reunir una composición digna de presentación. No consigo reunir las palabras adecuadas para expresar todo lo que se me pasa por la cabeza cuando pienso e intento escribir.
Pero se está convirtiendo en una pesadilla. Así que me siento y me enfrento a ello. Vamos a intentarlo,vale? No puede ser tan dificil. Sólo tengo que pensar un sitio y dejar que los recuerdos aparezcan y la inspiración me ayude a hacer una buena composición.
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Alcúdia. Lo tengo!! Alcúdia. Aquí sí que tengo una buena cantidad de recuerdos acumulados. Muchos años de mi infancia, invertidos en ese lugar. Durante muchísimos veranos de mi vida. Esa época tan dorada, libre de responsabilidades y preocupaciones. Sólo la de pasarlo bien. Nunca había tiempo para aburrirse. Salir en barca a pescar, ir a la playa, hacer guerras de bolas de arena, montar en bicicleta, ir a la piscina del hotel, de excursión a Aucanada, cenas en la playa las noches de luna llena……….Son muchos años.
Pero al margen de todas esas actividades, que en cualquier circunstancia bien podrían hacerse en cualquier lugar, se que si esos años fueron especiales e incansables, fue porque ese lugar realmente daba mucho de sí.
Considero que no sería justo hablar de Alcúdia y no dedicarle un par de días para analizar detenidamente todas sus posibilidades. Porque querer hacerlo todo en un día sería un error. Así que vayamos por partes. Y empecemos por el principio.
Situada al noreste de la isla, es una zona con muchas opciones. Lo primero de todo: la Muralla Medieval. Porque es lo primero que vemos al entrar en Alcúdia. Porque cuesta creer que esté ahí, tan intacta y regia. Y con la cantidad de años que le han pasado por encima. Aunque lo que se conserve sólo sea una parte. Entrar por una de las puertas, que aún se conservan. Donde sentirse protegido y dar un paseo entre los callejones y casas antiguas que ahí viven. Incluso, si lo hacemos bien, escogemos el martes, día de mercado, donde perder las horas entre todo tipo de cosas por ver y comprar. Y porque aunque el resto haya evolucionado por fuerza del tiempo y de la modernidad, esa parte de la ciudad aún vive en tiempos remotos, con la esencia del pasado respirándose en el ambiente de sus calles.

Y si nos ponemos a buscar en lo remoto, podemos aun retroceder mucho más. Esa es la siguiente opción, Pollentia. La única ciudad romana que se conserva y se puede visitar en la isla. Casi entera, con todos los antiguos trazados, de casas y calles, con esa clara construcción y estilo de vida. Y lo más espectacular: el teatro. Casi un decubrimiento para los ojos. Nos detenemos un instante. Nos sentamos en las gradas y dejamos que el espectáculo circense comience. Porque rápidamente volvemos a esa época.

Lugares donde perder las horas, retrocediendo varios siglos y trasladarte a esas vidas. El Museo Monográfico hace el resto, al recoger, conservar y mostrar los restos conservados de toda esa civilización. Una vida, una cultura y una gente que en cierto modo aún viven en ese lugar.
Si el día ha sido muy caluroso, después de tanto paseo y tanta cultura, bien se merece un paseo por el Puerto de Alcúdia. Alejándonos un poco del centro, llegamos hasta el puerto donde podremos paser junto al mar, tomar un café en cualquier terraza, o (si aún sigue en su sitio) un maravilloso helado de los de Ca’n Garrido. Una de las heladerías más famosas de Alcúdia y una de las mejores de la isla.
Para terminar el día (a no ser que decidas pasar de tanta cultura e ir directamente a esta úlitma opción) una baño en la Bahía. Varios kilometros de playa. Arena fina, agua turquesa y mucho relax; a pesar de que en verano es una de las playas más concurridas, por la gran cantidad de gente que decide invertir ahí el día. Desde todas las familias que veranean en las casa de la zona, hasta la cantidad de turistas que llenan los hoteles de los alrededores. En esta playa los aficionados a caminar por la orilla están de suerte porque una playa tan larga da la posibilidad de caminar y caminar sin cansancio. Lo que más me atre? Al entrar al agua, tardas mucho en encontrar profundidad, por lo que puedes estar un buen rato caminando con el agua por lo tobillos. Para mí, el mejor momento: recorrer lentamente esa distancia, dejando que el agua te refresque al tiempo que aprovechas para una animada conversación y buena compañía o la soledad y la calma. Sólo atención en una cosa. No es lo mismo la playa que está junto al puerto, que la playa de la Bahía. Yo me refiero a esta segunda. Y para llegar a ella, hay que ir en coche y alejarse un poco del centro del pueblo. No tienen ni punto de comparación la una con la otra.
En fin, creo que por hoy ya no me da más la neurona. Me cuesta explicar el sentimiento y las imagenes que se agolpan en mi mente. Creo que es mejor que cada uno lo descubra por sí mismo. Porque merece la pena.
Lo que sí se es que las posibilidades de este lugar aún no se han acabado. Pero eso lo dejo para el próximo día.
Ahora tengo que seguir pasando la vista por los apuntes…!
Me permito el lujo de dedicar este post a mi familia. Porque gracias a ellos pude pasar las horas en ese lugar. Y porque sin ellos no habría vivido los mejores días de mi vida. Y por el apoyo que me están dando estos días.