Volver a casa como emprender un viaje a cualquier lado sea nuevo o no, evoca ideas o más bien emociones como la del relax, la desconexión de la rutina diaria, un cambio de aires o una forma de recargar energías, entre otras muchas cosas. Por eso cada vez que tengo ante mí la persepctiva de volevr a mi querida isla por unos días, me siento como cualquier viajero ante su próxima aventura. Por un lado sé que podré encontrar la calma y el descanso que necesito, y por otro se que una vez más desubriré o reviviré lugares que quedan grabados en mi memoria.
Para esta vuelta a casa que me espera en unos días, busco la forma de recargar mi memoria con nuevos lugares en forma de algún recorrido ideal para hacer en esta epoca (o por que no, en cualquiera que queramos). Y elijo una ruta por el llano de la isla. Conocido como el Pla, es justo el centro de la isla y quizás por eso, la zona que conserva con más fuerza todo el sabor de la esencia y las costumbres mallorquinas del pasado. Desde caminos y carreteras ideados para ser transitados por carros y animales, los típicos muros de piedras que resisten como pueden el paso de los años y que fueron construidos de forma magistral solo por quien realmente conoce ese arte, vestigios de la arqutitectura rural tradicional en forma de viviendas, hasta la estampa de encinas, pinares y tierras cultivadas con almendros, higueras y viñas, que conforman la agricultura tan típica de esta zona.
Es aquí donde trazo una ruta para pasar por uno de los principales atractivos, muchas veces olvidados por su tamaño: los Llogarets. Definido como un núcleo de casas que por su reducido número no puede llegar a considerarse como pueblo, pero que mantienen la esencia de la arquitectura y la tradición mallorquina. La mayoría surguieron a consecuencia de la vida en el campo, el cultivo y la ganadería, a veces en torno a una Possessió (la casa principal donde vivian los amos de la tierra cultivada). Y muchos sufrieron el progresivo abandono de sus habitantes por motivos diversos y por tanto la decadencia, pero cada vez más se están convirtiendo en una forma de huir del “estrés” de la ciudad y en una forma de vida refugiandose en la vida en el campo, con todo lo que eso significa.
Tomando como punto de partida el pueblo de Costitx, interesante entre otras aportaciones, por las ruinas talaióticas de Son Corró, un Aljub (antiguo pozo para el ganado) o el observatorio astronómico, uno de los pocos de la isla. Comenzamos la ruta para detenernos en el primero que aparece en el mapa: Cas Canar, que casi sorprende de repente en el camino y se recorre fácilmente por su úncia calle asfaltada y que mantiene todas las viviendas con el encanto de la construcción de piedra. Más adelante aparece Ruberts, con su pequeña iglesia de la Mare de Deu del Carme, edificada en el siglo XVIII y muy sencilla y acogedora. Seguido de Pina, alrededor de la cual podemos encontrar multitud de restos arqueológicos: cuevas artificiales, talaiots aislados e incluso algunos restos de poblados talaióticos, tan numerosos por estas zonas; pero sin duda lo mejor y más importante de este lugar es la antigua fuente con varias conducciones de agua donde acudía el ganado a beber.
Puestos en esta ruta o en cualquier otra, podríamos seguir y encontrar muchos más llogarets como estos extendidos por toda la isla (no solo en el llano), pero creo que esta es la mejor oportunidad para disfrutar con mucha calma de un paisaje y sobretodo de un concepto de la isla muy distinto del que la mayoría de visitantes tiene. Disfrutar del paisaje, más en esta época con los almendros en flor, de la calma y sobretodo de la esencia de una forma de vida.



