Poco a poco nos preparamos ya para que comience la Semana Santa, tiempo de tradiciones y momentos especiales en muchos sitios. Una vez que hemos aterrizado en la isla, nos hemnos habituado a su ritmo y hemos redescubierto pequeños detalles que ya habiamos pasado por alto y que vuelven a sorprender, entramos en la espera impaciente de que comiencen las celebraciones que durante una semana se repartirán por casi todas las localidades de la isla.
A pesar de que desde hace una semana, la ciudad de Palma ya ha comenzado a celebrarlo con una cargada agenda de actos culturales, la primera cita más importante es el Domingo de Ramos, día en que tiene lugar la misa de la Pasión, en la Catedral de Mallorca donde podemos acudir, aunque sea como meros espectadores, a la procesión de sacerdotes y creyentes que recorren las calles precedidos del obispo de Palma mientras bendicen con agua bendita las ramas de palmeras y olivos. Es costumbre conservar las palmas bendecidas en casa como elemento de protección para la familia, por tanto no será extraño observar estos días en muchos balcones de las casas en toda la isla las palmas bendecidas.
A partir de este día se celebran procesiones cada día hasta el Viernes Santo, pero quizás las que destacan especialmente son las procesiones del Santo Cristo de la Sangre (jueves) y la del Santo Enterramiento (viernes), que se celebran prácticamente en todas las poblaciones de la isla. Y de la que hablaré de forma más extensa durante estos días. La solemnidad de estos dos días, la entrega, la seriedad y el respeto que se transmite en estas procesiones, que muchas veces pone los pelos de punta, hace que merzca la pena las esperas que muchas veces se convierten en algo prolgandas, por los continuos parones que los penitentes se ven obligados ha hacer a consecuencia del cansacio, sobretodo estos dos últimos dias ya que es cuando se sacan a relucir los mejores pasos encargados de escenificar las escenas religiosas.
También en este tiempo de tradiciones, que como ya digo se celebran en casi todos los pueblos, la cocina mallorquina tiene su punto y aparte, con aportaciones más que suculentas y apetitosas que reinan en las mesas de todas las casas y por consiguiente las pastelerías. Tres son los nombre que no dejaremos de oir estos días: Panades, Robiols y Crespells.
Bien valdrá aclarar algunos términos culinarios, para evitar ir de novatos y perdernos lo mejor. Las primeras, son unas empanadas de pasta que puede ser lisa o dulce (si se acepta mi opinión, prefiero las dulces porque la pasta es más suave) y que están rellenas unas de carne y sobrasada, y otras de guisantes. Será fácil encontrar mil versiones distintas de la misma empanada (como pasa con cualquier plato típico) pero siempre está bien saber que las de carne son de cerdo o cordero con un poco de sobrasada (si es casera…siempre mejor) y algunas veces incluso la propia grasa del cerdo o camaiot (el camaiot en verdad es tan típico en mallorca como la sobrasada, aunque no se lo conozca tanto). Los Robiols, tienen una curiosa forma de media luna, son siempre de pasta dulce y pueden estar rellenos de: mermelada (normalmente de albaricoque), de requesón (en mallorquín”Brossat”) o de crema. aunque aqui tambien es posible encontrar alguna otra versión.
Estos días las calles principales de Palma se llenan de gente que sale a pasear. Quizás lo más interesante por hacer durante el día es visitar las iglesias que permanecen abiertas y engalanadas mostrando sus pasos que al atardecer saldran en procesión. Momento en que los coches se sustituyen por penitentes y goterones de cera de los cirios, y el aire se llena de una solemnidad especial.


